martes, 29 de noviembre de 2016

“Alabanza” ¿Adivinanza? De Alberto Olmos




“Alabanza” es una novela editada en el 2014 donde un escritor reflexiona sobre la literatura y sobre sí mismo. El espacio que elige el autor para ello es un pueblo acabado, un secarral.

Alberto Olmos es su autor y mira en una bola de cristal para situarnos en el 2019 y darnos un pronóstico sobre la situación de la literatura. Guiñando el ojo adivina que el Premio Nobel de literatura será otorgado a Bob Dylan, aunque yerra el año, en la novela Bob lo consigue tres años antes, en 2013, coincidiendo con el fin, el auténtico fin de la literatura. Estamos en ese fatídico 2013 y la novela habla:

 “-Muérete, Bob Dylan.
Ni siquiera el pesimismo de Sebastian había interpretado acertadamente el aviso que aquella extravagancia suponía para la Literatura. A fin de cuentas, muchos escritores llevaban décadas ponderando los méritos literarios de Bob Dylan y, cuando obtuvo el premio, lo celebraron extasiados. La fenomenal polémica que se desarrolló en los medios de comunicación duró semanas y, al cabo, se dio por buena la tesis de que todo era literatura (la música, el cine, los cómics; hasta los videojuegos)”.

Los pasos están dados hacia un nuevo devenir de la literatura, apertura en canal, democratización, globalización, fenómenos potenciados a través de internet (blogueros, editoriales digitales, crowdfunding, autoedición, pensadores, replicantes…), Alberto lo llama la muerte de la literatura y ubica a su protagonista, Sebastian, como mártir de este nuevo fenómeno.

La novela comienza así:

 “-No estoy enamorado de ti.
            También dijo que en el pueblo no habría internet. Era una broma, claro. O un prejuicio. O simplemente mentira.”

Broma, Prejuicio y Mentira son las tres partes en que se divide la novela.

Primera parte. Broma.
Sebastian, escritor recién consagrado por el mercado tras la publicación exitosa de un bestseller huye con su novia Claudia al campo, al pueblo. Para reconciliarse con la buena literatura planea escribir un nuevo libro de cuentos que se llamará Las amadas donde evocará a las mujeres de su vida.
El planteamiento formal de esta parte de la novela me parece muy interesante; mientras cuenta la novela exhibe su trabajo como escritor, se pregunta, borra, corrige, arruga, y yuxtapone la evolución creativa de su recién comenzado proyecto con el fluir de la novela, con la evolución de otro personaje, Claudia, en sus paseos por el pueblo. Formalmente es un trabajo ímprobo y literariamente conmovedor. Un ejemplo, es la historia de Silvia:

“Aquella noche inaugural en el pueblo no consiguió acabar un cuento, no consiguió, en rigor, empezarlo. El fracaso de aquella primera noche se titulaba <Remache>. Ya remache no le acababa de precipitar a nada bueno. Pensó en <Tachuela> y luego en <Grapa>, y, cuando no se le ocurrieron más palabras para aquellos excitantes intrusos metálicos en el cuerpo de Silvia, supo que estaba haciendo algo mal” (…) “Lo único que le importaba, lo único que hacía a Silvia merecedora o damnificada de un relato era esa cosa tan particular que enderezaba o fijaba o daba esplendor a su espalda. Los clavos. Era el detalle que hacía de ella literatura. Era esa imagen de su cuerpo curvado sobre el colchón, mientras la mano de Sebastian repasaba con curiosidad teratológica los robóticos remaches de su espalda”.

Segunda parte. Prejuicio.
Aquí comienza un ajuste de cuentas con el pasado, una deuda que tiene Sebastian pero que había contraído previamente el escritor Alberto Olmos con su pueblo, con sus orígenes. Olmos mata al pueblo para domarlo, para exhibirlo ancestral y representarlo a su antojo, con la única presencia física de algunas viejas vestidas de negro. En la quietud del pueblo muerto los personajes se exhiben bajo el calor y aflora el recuerdo de la infancia, la familia, la pobreza cultural, la exaltación del trabajo manual y mecánico, el alejamiento del barniz de clase, todo se exhibe con dolor, con distancia y con sequedad. La trama cabalga, a veces galopa, pero no es la prioridad, la novela es más de ahondar en el personaje y escocerse. Un fragmento:

“Esta frivolidad involuntaria, según la cual su pasado y el pasado de ficción que ha recibido de los libros no son indistinguibles pero sí equivalentes, le confirma su blindaje contra la sentimentalidad más vulgar. Es un tanto inhumano, lo admite, se crió en este pueblo y no puede ni tan siquiera fingir que le emociona volver”.

Tercera parte. Mentira.
En la última parte se destapan algunos truenos de otros tiempos pero la sensación prioritaria es de aferramiento al presente, de justificación de ese presente. La mentira mayor será la de la literatura. En un mundo donde las cartas se ponen boca arriba el autor señala el ibex 35 de la literatura; el poder omnímodo del gran editor sabio y de su crítico de referencia y la posterior caída libre hacia un mundo fragmentado, sin criterio, ciego y sordo, el mundo de internet, las redes sociales, la autoedición y la crítica no especializada.

¿Adivinanza? ¿Aquí también actúa Olmos como mago Berlín o Dynamo? Realmente no lo creo, la gran literatura se repliega, casi desaparece en estos tiempos de creación de un nuevo orden pero se atisba su reaparición en algunas obras de autores nuevos. La literatura vibra con fortaleza allí donde no te la esperas y eso es una muy buena noticia. 







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